Septiembre viene acompañado de cambios, y donde primero se sienten es en el cuerpo.
Septiembre trae consigo esa sensación de volver a empezar. Otros horarios, rutinas diferentes, la vuelta al trabajo, retomar actividades, el deporte, los estudios… Después de un verano donde el ritmo suele ser más flexible, volvemos poco a poco a una estructura diferente.
Y aunque muchas veces pensamos que la adaptación comienza cuando volvemos al trabajo, al colegio o a la rutina, el cuerpo empieza a prepararse mucho antes.
¿Pero qué significa realmente adaptarnos a este nuevo ritmo?
Existe una idea bastante extendida de que adaptarse significa volver rápidamente a la rutina, recuperar los horarios y funcionar como antes. Pero adaptarse no siempre ocurre así.
Adaptarnos a este nuevo ritmo no siempre es inmediato. A veces necesitamos un tiempo para volver a encontrar nuestro lugar en él. El cuerpo puede expresar este proceso a través de la irritabilidad, la dificultad para concentrarnos o la falta de energía. No necesariamente porque algo esté funcionando mal, sino porque estamos atravesando una transición.
Y esto también ocurre en los niños.
La vuelta al cole no empieza únicamente cuando se cruza la puerta del aula. Empieza antes, en la anticipación de lo que está por venir y en todo lo que ese cambio supone: volver a otros horarios, reajustar el sueño y recuperar poco a poco el ritmo habitual.
A veces, aquello que interpretamos como oposición puede contener cansancio, nerviosismo o incertidumbre ante algo que todavía no conocemos.
Porque no todo rechazo significa lo mismo, ni necesita la misma respuesta.
Preparar la vuelta al cole no consiste en intentar que todo esté bajo control. Puede ayudar ajustar gradualmente los horarios de sueño, anticipar únicamente el siguiente paso y dejar espacio para que puedan expresar cómo están viviendo esta transición.
Como adultos, también necesitamos recordar que nuestra calma no va a eliminar toda su inquietud, pero sí puede ayudarles a transitarla de otra manera.
Acompañar no significa conseguir que no sientan miedo, enfado o tristeza. Tampoco significa intentar hacer desaparecer aquello que les incomoda.
Porque acompañar no consiste en conseguir que eso desaparezca, sino en ayudarles a atravesarlo sin tener que hacerlo solos.
Deseo que tengáis un mes de septiembre amable, con espacio para escuchar el cuerpo y reconocer lo que necesita.
2 comentarios en “Septiembre, más allá de la vuelta al cole”
Ilu
Como siempre da gusto leerte y leerlo entendiéndolo perfectamente lo que escribes espero la próxima
Como siempre da gusto leerte y leerlo entendiéndolo perfectamente lo que escribes espero la próxima
Trabajo muy bien detallado y brillante